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La
toma del poder es una cuestión compleja,
pero la irrupción de las masas en la acción
autoconvocada resuelve una buena parte de
esa problema. Al fundirse el movimiento de
masas con la lucha revolucionaria, se
encuentran caminos de táctica y de precisión
de estrategia, que no se descubrirán si se
trata la teoría revolucionaria como una
abstracción. Plantar la salida de la
revolución en la lucha de las masas es la
tarea indelegable de los revolucionarios.
A
partir de la lucha de nuestro pueblo y de la
experiencia que va adquiriendo en el
enfrentamiento, la cuestión del poder se va
transformando en una fuerza material,
objetiva, tangible.
Ni
la revolución, ni todo el proceso que la
precede, puede inventarse, ni puede estar
sujeta al capricho de los individuos.
La
revolución, para que sea verdadera, avanza
en el camino que las masas van determinando.
En
nuestro país es mucho lo que se viene
haciendo y lo que se viene experimentando.
Hoy llegamos a un punto en donde no podemos
quedarnos con las respuestas que ya dimos al
qué hacer, ya que hoy serían una
justificación y no una respuesta concreta a
la altura de la movilización de las masas.
Si
bien la lucha por la toma del poder es una
cuestión compleja -ya que en ella actúan
factores objetivos y subjetivos en forma
constante- la irrupción de las masas en la
acción autoconvocada, de ir por lo suyo,
resuelve una buena parte de esa complejidad.
Sin
embargo, las vanguardias, apoyadas en las
masas y particularmente en el proletariado,
debemos hacer las tareas que por sí mismas
ellas no realizan. Nos referimos
particularmente a la idea de la preparación
insurreccional y al carácter que la misma
irá adoptando en cada etapa de la revolución.
Que
se desarrolle la lucha autoconvocada y que
ella, en fusión con los revolucionarios
vaya adquiriendo el objetivo de la lucha por
un nuevo poder, implica una labor específica.
Allí, se desarrollan las organizaciones políticas
de masas, la construcción del poder local y
el desarrollo del poder dual.
Pero
no podemos obviar que también en el seno
mismo de la lucha autoconvocada, aparecen
los oportunistas de derecha y de izquierda
que siempre aspirana llevar agua a su
molino.
LA
TAREA DE LOS REVOLUCIONARIOS
Al
fundirse el movimiento de masas con la lucha
revolucionaria, se encuentran los caminos de
táctica y de precisión de estrategia, que
dificilmente se descubrirían si se tratara
la teoría revolucionaria con un sentido
abstracto.
Es
muy importante que las masas vayan fogueándose
en la lucha autoconvocada, y nosotros dentro
de ella, pero en la hora actual, se trata de
abrir un terreno que por décadas fue
cubierto de lodo.
Plantar
la salida de la revolución en la lucha de
las masas es la responsabilidad indelegable
de los revolucionarios, y son prioritarias
las tareas políticas y de organización de
masas.
Muchas
veces, frente a la presión de tanta
injusticia -que incluye la desesperación
por la pérdida del trabajo y la falta de
pan a la hora de comer- encontramos voces,
que con una honesta conducta política dudan
en dar el golpe que expresa la indignación
y la bronca, frente al temor de conducir a
una lucha en inferioridad de condiciones.
Sin
embargo, en ésta hora, no nos cabe a los
revolucionarios jugar de bomberos.
Nuestro
papel es el de golpear y saber para qué
golpeamos. Es en el enfrentamiento y en la
lucha, donde las relaciones de fuerza se
modifican cuando el pueblo hace ejercicio de
su propio poder y donde se van
comprendiendo las tareas que se deben
realizar para avanzar en la revolución.
Es
una hora en donde hay que probar las fuerzas
de lo débil a lo fuerte, sumar experiencia
y organización, parar los planes del
enemigo y hacerlo dudar, embarrarle la
cancha, frenarlo y así, cargar de más
confianza a todo el movimiento de masas.
LA
REVOLUCION ES OBRA DE LAS MASAS
Enfrentar,
organizar y volver a enfrentar, requiere de
los revolucionarios una clara comprensión
de la revolución y que la misma no puede
realizarse sin las masas.
La
lucha autoconvocada legítima, es de masas,
y la misma ya se está desarrollando en todo
el país.
No
sería justo entonces, plantear que no se
sabe cómo, o justificarnos con que no se
encuentra la salida. La subestimación es la
carta de defunción de cualquier política
que se precie de revolucionaria.
La
revolución está en marcha , porque así lo
han decidido en el primer término las
luchas. Las mismas requieren que los
objetivos estratégicos -la lucha por el
poder- se vaya sintetizando en tácticas
concretas en cada frente estratégico, en
donde el enemigo está concentrado en su
poder de servicios y finanzas.
Es
mucho lo que se viene avanzando en el
enfrentamiento de fondo, en la lucha de
clases, pero aún resta lo más difícil: la
organización política en todos los niveles
de las masas, sobre el camino del poder dual
primero y el poder local después.
En
donde estén las masas, en donde estén los
revolucionarios, la idea del poder local
debe hacerse fuerte y generalizada,
partiendo de la base de que las masas ya
saben lo que no quieren.
La
búsqueda y la expresión autoconvocada es
el piso necesario para avanzar en la
conciencia de la revolución y en ello
deberemos tener una confianza ilimitada.
En
cada sector neurálgico en donde se
concentra el poder, la lucha autoconvocada
debe desplegarse con toda la fuerza sin ningún
tipo de ataduras o esquemas.
Partiendo
del principio de que la revolución es obra
de las masas, es preciso lograr que éstas
se apoderen íntegramente de la táctica y
que la hagan suya.
Nuestras
tareas deben concentrarse en elevar todos
los niveles de la lucha del enfrentamiento,
para fortalecer el objetivo estratégico: la
preparación e incorporación de las masas
en la lucha por el poder.
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