El Combatiente
N° 672
| El
Poder del Pueblo es Autoconvocado |
|
En
medio de la peor crisis que recordemos, cada
vez aparece más claro que, o se está con
las experiencias de doble poder como la de
Mosconi y las innumerables luchas anónimas
que libran las masas -lejos de las cámaras
de TV y los aparatos partidarios o
sindicales- o se está con la disputa por
las listas de candidatos que sólo buscan
conformarse con alguna migaja que el poder
deje caer de su mesa.
La
política revolucionaria debe dar una
batalla intransigente a las concepciones
reformistas para disputar y conseguir la
dirección política del proceso de la lucha
de clases en nuestra patria. |
En
el medio de la peor crisis política, económica y
social que se tenga memoria, la burguesía intenta
no perder la iniciativa y lanza
convocatorias y debates en torno a la idea de 'la
unión nacional'. Voceros del gobierno,
industriales, banqueros, sindicalistas, iglesia y
demás representaciones de la burguesía, tiran
a la cancha un tema que, por repetido, nos
pone frente a una película muchas veces vista
y conocida.
En
toda nuestra historia como Nación la burguesía,
en los momentos que las papas queman, siempre ha
tratado de poner bajo un mismo techo a todas sus
facciones en pos de poder continuar con su
dominación y lograr un frente interno más
homogéneo y compacto. Lo mismo ocurre en la
actual coyuntura donde, además, el bloque
dominante intenta, por todos los medios, poner en
caja al movimiento de masas.
La
burguesía no se encuentra sola en esta intentona
por encerrar a las masas dentro de su corral,
cuando éstas dan muestras permanentes de querer
romper el corsét que quieren imponerle.
Lamentablemente, cuenta con la inestimable
colaboración de todo el reformismo y el
oportunismo que siempre se muestran dispuesto a
colaborar con el poder.
Más
aún en épocas electorales que es cuando los
fuegos de artificio del sistema
deslumbran
a todo el arco político. Tanto en el campo
burgués como en el campo del pueblo, se montan
maniobras y disputas de aparatos para dirimir
candidaturas o espacios de poder que terminan
haciendo de necesaria comparsa
a las iniciativas políticas de la burguesía.
Por
un lado, ante la impresentable y segura derrota de
la Alianza, el PJ se unifica detrás
de un "discurso opositor",
echando mano de los aparatos sindicales que
desempolvan sus ropas de "combativos"
y salen a movilizarse para conseguir
un lugarcito en la mesa de decisiones del poder.
El
arco "progresista", con la
diputada Carrió a la cabeza, aparece
presentándose como la "alternativa
capitalista seria frente al capitalismo
mafioso", cuando en realidad la esencia del
capitalismo -y más aún en su fase imperialista-
es la superexplotación, el saqueo y la miseria
del pueblo mediante toda clase de trampas y
maniobras salvajes. No
hay otro capitalismo.
Por
último, el Polo Social del cura Farinello con su
discurso de la bondad, y la infaltable izquierda
electoralista que, levantando postulados
pretendidamente revolucionarios, procura llevar a
las masas por el camino del sistema; como lo
plantea la Izquierda Unida en algunas
localidades de Buenos Aires: "Que el
pueblo no se haga piquetero y vote en
democracia".
Sin
Maquillaje
Todas
estas jugadas no terminan en las elecciones de
octubre. Su proyección estratégica es convencer
a las masas de que el camino de las reformas y el
maquillaje al sistema permitirá traer soluciones
a los acuciantes problemas del pueblo. Por
ello, se hace necesario ir al fondo de la
cuestión y preguntarse: ¿Tiene
cabida, en la actual situación del capitalismo en
nuestra patria, una salida reformista?.
Luego
de casi tres décadas de afianzamiento y
consolidación, el Capitalismo Monopolista de
Estado hoy es amo y señor no sólo de los
gobiernos de turno sino que se ha apropiado del
Estado en todas sus áreas: la económica, la
política, la ideológica y la institucional; al
mismo tiempo, el alto grado de transnacionalización
de la estructura productiva, comercial y
financiera provoca que la capacidad de decisión
soberana se haya perdido completamente y hoy
nuestro país está sumergido en un nuevo tipo de
colonialismo, muy lejos de ser por esta vía
una nación independiente.
Con
todo el poder de los resortes estatales en manos
del imperialismo, es mentirle a las masas cuando
se plantean caminos de reformas que no atacan
directamente la dominación burguesa y no plantean
la necesidad de una salida revolucionaria que
dispute el poder del Estado para construir una
nueva sociedad. Es mentirle a las masas decir
que es posible volver hacia atrás y luchar
contra la concentración de la economía y la
centralización de la política que lograron los
monopolios, sin cuestionar su dictadura disfrazada
de democracia.
En
la Vereda de Enfrente
Hoy
las aguas deben dividirse claramente. O se
está con las masas en la búsqueda de un nuevo
rumbo para el país o se está con el sistema
colaborando con el diversionismo y la mentira del
circo electoral.
O
se está con las experiencias de doble poder
como la de Mosconi y las innumerables luchas
anónimas que libran las masas -lejos de las
cámaras de TV y los aparatos partidarios o
sindicales- o se está con la disputa por
las listas de candidatos que sólo buscan
conformarse con alguna migaja que el poder deje
caer de su mesa.
No
es posible tener un pie en cado lado, sin terminar
en el oportunismo más rancio y el reformismo más
servil.
Es
necesario tener claro en todo momento esta
divisoria pues no dejarán de colarse en la lucha
de masas estas concepciones y posturas que
intentarán seguir generando expectativa en una "democracia
representativa" que ya el conjunto del
movimiento de masas no ve como propia.
Todo
propósito en este sentido debe ser firmemente
combatido desde la ideología, la política y la
acción concreta llevada adelante en el seno del
pueblo.
Se
impone hoy redoblar la táctica de la
autoconvocatoria de masas que ejercite la
democracia directa como forma más clara y
contundente de cuestionar y disputar, en los
hechos, la dominación de la burguesía
monopólica. Este es el camino que las masas
han emprendido y que está latente en toda
manifestación que las mismas realizan.
Debemos
actuar con decisión y confianza pues el pueblo
expresa sus ansias de protagonismo y está
presente la intención de romper con todo lo viejo
conocido para dar paso a las nuevas formas y
contenidos de la lucha. Desde esta base, la
política revolucionaria debe dar una batalla
intransigente a las concepciones reformistas para
disputar y conseguir la dirección política
del proceso de la lucha de clases en nuestra
patria.
| Al
poder de la oligarquía financiera
oponerle el Poder del Pueblo |
| Existe
una disputa en el seno de la oligarquía
financiera entre los intereses de los
diferentes grupos monopólicos, como parte
de la batalla por la hegemonía. Estas pujas
pasan por apoderarse del botín, y ninguno
de estos sectores y sus expresiones
políticas representan los intereses del
pueblo. |
En
los últimos tiempos se viene dando una nueva
ofensiva ideológica de la burguesía monopólica,
de la mano de los que hacen hincapié en una
supuesta división entre monopolios
de los sectores productivos y monopolios de los
sectores de servicios financieros.
Desde
esta postura, la industria aparece como la parte
"pujante y progresista" de la
película, y los bancos como la parte "reaccionaria".
Y en este arsenal de confusiones, los "progresistas"
hacen sus discursos antimodelo, reivindicando
la producción por sobre la usura.
Desde
esta división ficticia entre industrias por un
lado, y los bancos por otro, en el plano de la
lucha política unos serían "los
buenos" y los otros, "los
malos". Y a partir de allí, aparecería
una supuesta salida a la crisis actual. Los malos
se irían y los buenos, los representantes
políticos de la producción, "salvarían
a la patria".
Pero
estas disquisiciones no existen al momento de
definir las políticas del poder. Bancos que
compran empresas; empresas que se fusionan con
financieras; consultoras que se asocian con
bancos; financieras que se comen a empresas, etc.
Todos juntos, en un mismo sentido: a
todos los sectores de la burguesía los une el
mismo afán de explotación y el mismo interés de
clase.
Para
comprobar esto no hace falta más que recordar su
conducta.
Todos
ellos cerraron filas con la reforma laboral,
con las ART, con las privatizaciones y con la
Convertibilidad, entre tantos otros ejemplos
que han perjudicado al pueblo.
Vuelven
a aparecer siglas que han perdido protagonismo o
real peso político en las decisiones. Por
ejemplo, la CGE, que de haber puesto un ministro
de Economía como Gelbard en 1973, hoy es
inexistente como entidad; o la UIA, cuyo
presidente Mendiguren añora los tiempos en que
Gilberto Montagna (capo de la Terrabussi, hoy
Nabisco) entraba a los despachos oficiales como
pancho por su casa...
No
hay diferencia real ni de fondo entre
los sectores predominantemente financieros y los
que aparecen abocados a la producción. Ambos
tienen el mismo proyecto y las supuestas
diferencias y enfrentamientos son fruto de la
disputa que están llevando a cabo por la
hegemonía.
Citamos
aquí a Mario Roberto Santucho: ..."Esencialmente,
son dos proyectos sociales enfrentados, que
respnden a las dos únicas clases capaces de
elaborar una política propia en la sociedad
capitalista: el proyecto burgués y el
proletariado. El proyecto burgués consiste
consiste en la salvación del decadente capitalismo
argentino, llegando para ello a un nuevo trato con
el imperialismo, a un acuerdo de dependencia
negociada. Cada fracción burguesa, de acuerdo a
sus intereses materiales concretos, imprime un
matiz diferenciado a ese proyecto , pero todo el
bloque burgués coincide en este momento en el
objetivo esencial: salvación del capitalismo..."
EN
UN MISMO LODO
El
capitalismo en nuestro país es un capitalismo
monopolista de estado (CME). Esto significa
que los grupos monopólicos se han apoderado
íntegramente del Estado Nacional, controlando
y dominando los resortes institucionales,
políticos, ideológicos y represivos, etc.
Este
capitalismo monopolista ha consolidado una
oligarquía financiera, que por varias décadas y
a pesar de sus contradicciones internas, supo con
los años ir vertebrando distintas salidas
políticas.
Al
hablar de oligarquía financiera, estamos hablando
de la fusión entre el capital industrial y el
capital bancario, por esto esta es una época del
capitalismo en donde se hace imposible separar uno
del otro.
La
dirección de la burguesía está al mando de la
oligarquía financiera
que, por su mismo nivel de poder, impone sus
condiciones al resto de los sectores burgueses.
En
este sentido de pensamiento, la puja y la
contradicción ya está planteada dentro de la
oligarquía
financiera.
Es la
disputa entre intereses titánicos de los
diferentes grupos monopólicos.
Así
por ejemplo las empresas privatizadas, los bancos
que financiaron estos procesos, las industrias que
se favorecieron con esos mecanismos, representan
políticamente un sector de la puja. Mientras
que los sectores netamente usurarios y productivos
como de comercialización que no fueron los
principales favorecidos de la década del 90,
hacen sus apuestas por
otros andariveles.
Pero
las pujas en la oligarquía financiera pasan por
apoderarse del botín, y ninguno de estos sectores
monopólicos y sus expresiones políticas
representan los intereses del pueblo.
ESCONDEN
EL PODER
En
este marco es que aparecen ideas que tienden a
esconder el fondo de la cuestión y ocultar la
salida revolucionaria para la inmensa mayoría del
pueblo.
En
nuestro país, el nuevo tipo de colonialismo que
vivimos en donde las decisiones políticas se
toman fuera de nuestra Nación, se agudiza
aún mas la preponderancia de esta oligarquía
financiera, que subordina a toda la política
local, a los dictámenes del verdadero poder.
No
hay excepciones en el arco político que estén
por fuera del dominio de la oligarquía
financiera. Todos están comprometidos con una
facción del poder monopólico, con
raíces en la usura, la industria y el comercio
monopólico.
Es
por ello que nuestro Partido enfrenta todas las
propuestas políticas que aparecen como salvadoras
de la Nación, pero que no atacan las causas
fundamentales de las eternas crisis del país.
Todos
emiten quejas contra las consecuencias del modelo,
pero nadie habla de cómo los grandes grupos
monopólicos, "la industria
progresista", explotan a nuestros
obreros, cómo nos han sacado el jugo durante
estos años; ni de cómo esas empresas son las
eternas acompañantes de las dictaduras de turno y
de cómo ahora siguen aplicando sus políticas
de terror dentro de las fábricas.
Cuando
planteamos que la única salida es la revolución
estamos planteando que el poder del pueblo no
tiene que ver con los intereses de carácter
imperialista y no tiene un solo punto de contacto
con las formas de dominación que nos someten,
tanto el parlamentarismo como las formas
represivas de dominación.
FORMAS
DE UN NUEVO PODER
Así,
las luchas legítimamente autoconvocadas, al no
respetar las imposiciones del sistema, se
constituyen en formas embrionarias del nuevo tipo
de poder, ya que en su práctica ataca los
intereses directos de la oligarquía financiera y
se desata las manos de todo el control de la
máquina del Estado para subordinar la voluntad
popular.
Se
trata entonces de poner sobre la mesa las
verdaderas contradicciones irreconciliables entre
el pueblo y la oligarquía financiera, en
dónde la lucha autoconvocada es la forma
política que representa los intereses populares y
desnuda el engaño del parlamentarismo burgués,
aliado incondicional de las diferentes pujas de
poder.
Cuando
hablamos de revolución es el poder del pueblo que
se opone al poder de la oligarquía.
La
importancia que va adquiriendo la autoconvocatoria
popular en el país, es y será el freno a la
impunidad del sistema actual, a la vez que
permitirá ir preparando las fuerzas políticas
hacia una salida revolucionaria, en
dónde los gobiernos de carácter popular sólo
estén sometidos a los intereses de las masas
populares, creando formas directas de
representación capaces de controlar en forma
directa los destinos del Estado y Gobierno
revolucionarios.
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